Lunes Revuelto

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El tabaco encendido descansa a un costado de la cama. Solo fue besado para que empezara a arder y de ahí en adelante solo sirve como un incienso que rodea la vida de un aura todavía mas amarga, empañando sin querer las gotas que el calor de estar adentro ha dejado en la ventana alta, volviendo al lodo un chorrito que paciente deja pasar un lunes de hielo escurrirse por las persianas.

Las sabanas arden de nueva cuenta, recordando a los miles de amantes que siniestros asecharon en mitad de la noche sus fibras, mientras estás envuelto en ellas respiran a cobre mojado. En la tele hablan de violencia, al instante me recuerdo de 10 ó 11 años, aprendiendo un dialogo larguísimo para un concurso de la escuela, me puedo ver todavía en el estrado del patio, rodeado de niños que curiosos me escuchan rasgar las cuerdas de una historia que secretamente era mía.

Calo con suavidad el cigarro tres veces más y recuerdo a los chicos que pagaron la habitación de un hotel que daba de vista frente al tren, solamente para fumar marihuana desde la ventana. Una mujer diferente vuelve a hablar en la televisión de discriminación, de aceptar nuestro pelo negro y dejar de hacernos rayitos de colores; insiste en “amarnos morenas” y al mismo tiempo pienso que también deberíamos respetar a las personas que aman hacerse rayitos güeros en el pelo, de abrazar con la mirada a las personas que van desenfadadas los Lunes por la mañana.

Ahora que escribo desde la soberanía de la soledad que lleva de mí hasta el nombre -pienso- que el niño que hablaba a ciegas su historia en medio de una rueda llena de sordos, se acostumbró a mezclar la nulidad con la verdad hasta volverla un lodo escurridizo que a veces le sirve como tinta. Huelo en el espejo que aprendió con paciencia a fragmentar el secuestro de las miradas que no abrazan ni saludan con una sonrisa; siendo tan fácil producir mentiras.

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