Octubre

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Terminé de leer un libro, de darme cuenta que no importa cuanto empujes a alguien para que se anime a hacerlo; si sus ganas están muertas, es capaz de ahogarse sosteniendo su propia respiración.

Terminé de desesperarme, de tomar una nueva hoja blanca y ponerle un titulo con la esperanza de algún día llenarla de letras. Terminé dándome cuenta que mis pendientes penden como la lista de un cocinero. Si no hay pedidos nuevos, no hay ganas de seguir moviendo la sartén.

Terminé de darme cuenta que el coraje siempre me trae a las letras. Hoy le pedí primero un paseo por los pendientes y las cuentas por pagar con agradecimiento. La gente que me empuja a avanzar me quiere ver caminando. No quiero ser como el lector que no sabe leer, como el historiador que de todo se olvida, o como el amigo que olvida en que momento la unión de destinos se volvió etiqueta.

Hay pasos que deseo dar, reinos que construir y aires que respirar. Pero nada va a suceder si permanezco un día más tapándome la nariz antes de entrar a la alberca.

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