
Retira la vista del espejo y mientras va de camino a su pieza, recuerda la ultima vez que habló con su madre acerca del sentirse mujer y porque en la manija de la puerta de su recamara sigue habiendo manchas de sangre vieja. Tras 16 años le siguen doliendo las mejillas. Difumina en el aire sus negros y dolorosos recuerdos con suaves manoteos y pasos de tango que le ayudan al traspasar el umbral del pasillo a su cama. Como si un hombre la tomara por la cintura se deja caer sobre la seda de las sabanas y soñadora sonríe. Recuerda que debajo de su cama está la sandalia que Isaac dejó olvidada anoche. Cierra los ojos y en su mente Gardel canta mas claro que un ángel, el tiempo la viste de rosas y el aroma de ese cuarto en la casa de la playa se convierte en el de aquel salón donde ella e Isaac se conocieron mientras el servía en la mesa de bebidas. Ella bailaba con algún viejo despistado.
La piel de Roberto y la de Oscura se secan, y con ellas el tiempo se escurre por las rendijas de la razón. - La sandalia de Issac no lleva ahí una noche, lleva más de 6 años - Susurra una voz melancólica desde el fondo de sus recuerdos y al instante desaparece. Ella, en su papel viciado y roto de mujer herida, comienza a vestir a Roberto con ropa de mujer hasta que Oscura toma posesión integra del cuerpo en el que viven ambos seres.
Ridícula - Su hermana - toca la puerta en tono de burla y pregunta si Gardel ya acabó de cantar. Oscura al instante responde que no conoce a Gardel ni le gusta el tango. Se pone los pendientes mas largos que encuentra y a su vestido rojo le resalta el vintage que de tanto estar guardado se ha estampado como a manera de rayas anaranjadas disparejas hasta en las lentejuelas, se sacude el olor a memorias con unos disparos de Channel N° 5 y vuelve con la garganta quebrada a mirarse en el espejo del baño.
La corona de recuerdos despedazados que se ha puesto, le va muy bien…

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