El Miedo

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Tengo un miedo cóncavo que en las noches se vuelve una hamaca, mecida por un horrible verdugo de nombre misterio. Apenas una decisión se presenta, encuentro tantos caminos como venas en la hoja de un árbol.


El miedo cóncavo, de día es plano como una pista de hielo en la que se puede hacer malabares que impresionan e infartan. Al medio día, el miedo es una fotografía desenfocada de la que nadie se quiere deshacer, un instante mal colocado que se queda en espera por largas horas. Entrada la noche, el miedo comienza a aprovecharse de su forma y se balancea de lado a lado como una mecedora vieja, despegando por instantes las puntas del suelo sin que nadie le toque, convirtiendo su vaivén en un silencioso embrujo capaz de hipnotizar.


Cíclico como un chorro de agua, vuelve cada mañana el miedo a servirse temprano, fresco y sin tardanza en la memoria, extendiendo sus venas amargas por detrás de los ojos: pleno, entero y listo para ser quebrado. Resuelto.



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