
No sé por que se llama presente, si jamás se presiente y cuando se acerca viene embarrado de mierda. No sé por que se llama Mañana si es la misma farsante que ayer estaba llorando sobre mis brazos y después llegó revolcada del cerro escurriendo pecados.
No sé por que me llamo Francisco y no: Mentiroso. No sé por qué no me gusta Juan y porqué todos los Juan que tienen ese nombre son más Judas que Judas.
No sé por que Giovana y Seiminerot ya no me saludan.
Ni sé por que espero que la comunicación forme un rio fluido de conversaciones y bonitas palabras.
A veces te tiro un verso gigante que besa las manos de quien me vendió la pluma en la tienda, un verso eximido y espeso que se fraterna hasta con el papel en que va escrito.
No sé por qué (me importa el que) a veces me contestas con escupitajos.
No sé por qué se llama María si su hijo se irá sin enseñarme el camino.
Recorro los mismos pasos, a la distancia y me doy cuenta que el Presente se divierte porque no tiene miedo ni preocupaciones, ni expectativas ni quejas. Lástima que no pueda ser como ella.
Lastima que se diviertan quitándome espacios para suponer. Que me pese tanto que a veces no estés de buenas y piense que es por mi culpa. No sé por qué se llama Esperanza. Ni por qué tan felizmente me regaló a su hijo.
Ya no voy a dar los buenos días a nadie.
A ver a que hora salen a barrer sus pinches Jacarandas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario