Hay esperas que se guardan y se llenan de paciencia, esperas que se vuelven infinitas como las veces que la tierra ha girado al rededor del sol, de las promesas que resplandecen.
¿Cuantas de mis esperas se han hecho viejas?
¿Cuantas mas se han ido?
¿Cuantas se aferran?
A mi las esperanzas sin caducidad me aterran, y las promesas sin cumplir me pesan tanto como el tiempo que he gastado girando al rededor de los recuerdos, de apariencia fresca y de sabor marchito.
Me desesperan los días que se nublan por culpa del humo que sale de las memorias que voy quemando en el camino. Me emputa que me pase en los dias mas soleados, en las noches mas claras, me acostumbro a nublar los días, y a asolear los momentos lluviosos. Las horas se descomponen con las manías, y yo más, y yo mas.
Esperar que las cartas se levanten del camino.
Me canso muy pronto.
Quiero vivir 100 años.
A veces no quiero ninguno.
Quiero, Quiero, siempre quiero y a la mera hora no quiero nada.
Yo también espero, espero que me llegue la cordura.
¿Y usted que espera?
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