Y si de pronto te vuelves, -"Demonio"- realidad?

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La gracia que traía consigo tu olvido pronto se empaño con una maldición que jamas conseguí erradicar de mi mente. Dejé a un lado el cariño por tu recuerdo y quedé contento pues las expectativas se descolgaron de ti y como milagros a santos las amarré a otras cosas. Llegó al fin la tan esperada caducidad a mi esperanza, con ella una lluvia de realidades que acabaron ahogando toda posibilidad de revivir lo ahora muerto.

Me ocupé tanto de celebrarlo, de amar sin viejas ataduras y de volar sin grilletes afianzados a la mente que me olvidé de erradicar a tu fantasma, ese que se aparecía entre sueños y personas para atormentar mis ideas mas concretas y patear mis planes hasta reducirlos a polvo. Pude quitarte todo lo que te di, pero la aparición que a veces hace tu espíritu sobre mis caminos resulta imposible de evitar. El amor con el que deseaba correr hasta cualquiera que se pareciera a ti se ha tornado en una suerte de lastima y compasión hacia mi locura, que mutilada y con mente propia deseaba accionar como la pata de una araña recién pisada, mil veces haciendo el mismo movimiento hasta el fin de los tiempos.

Anoche volví a ver una aparición tuya. Mi locura esta muerta o muy dormida. Te miré con detenimiento mientras sonreías acompañado de otras personas, hacías cosas para que ellos rieran y a mi ni me miraste, seguro es por que en esta aparición tenias como 20 años menos que cuando te conocí. Me dio gusto ver tu juventud respirando tan cerca de mi y tan apartada de mi recuerdo. Esta ves llenabas de sonrisa el marco de tu cara que siempre se pintaba de tristeza y perdición, le hablabas en secreto a otra mujer para que los de mas no escucharan, despegabas apenas la voz de sus cabellos y al instante carcajeaban a solas, en una complicidad que nos excluía a todos. El bus frenaba y tu como siempre inmuto, pegado a esos tubos de donde los fuertes se detienen como rocas, comprobando que eras tu, con la misma fuerza que ya olvidé y me trajiste de vuelta.

Te fuiste y no sentí ganas de correr a buscarte, aunque con la mirada seguí tus pasos hasta donde el limite del giro de cabeza y ojos me permitieron. En la calle señalaste hacia adentro del bus, como si señalas mi frente, y el miedo me hizo volver la mirada hacia abajo.

Me pregunté como ahora lo hago: ¿ Y si de golpe te vuelves -Demonio- realidad ? ¿Que se supone que tendría que hacer con esas ganas muertas de reclamar por aquello que yo mismo tuve que descolgar del tiempo? ¿Que hacerle al inventario que te escribí esperando un día cobrar, donde constan las deudas mas absurdas y soeces? ¿Que hacer con este sobrante de conciencia que apenas ve tu homónimo corporal por la calle corre a escribiere reclamos que no puede hacerte llegar por ningún otro medio?

No me soples al oído tu frase de siempre. “…eres tan tonto que preguntas la solución de lo que ya sabes resolver, mi niño.”

No me soples al oído, por que yo no soy tu cómplice del autobús a la que ahora le hablas en secreto y al instante se hacen el amor a carcajadas, a sonrisas y a miradas, frente a todos, sin pudor de que yo este ahí, enfrente. Siendo un testigo mudo al que ya no le duele nada. Nada salvo que tu fantasma siga cruzandose en mi camino, siendo el mundo tan grande, siendo la memoria tan corta, la mía insiste en no borrar de mi mente tu rostro. Aunque de la tuya y la de todos los que se parecen a ti -supongo- ya debe haber borrado toda conexión conmigo.

Parece que esta es una historia que ambos caminamos y solo yo puedo recordar, y me da gusto aunque parezca fingido. Después de todo, siempre pedí que ojalá algún día te olvidaras de mi, quizá no de este modo. Después de todo, las cosas nunca son como uno las quiere.

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