Danza Muda

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Hace unos días dejé de culparme, me saqué del cuerpo una pila oxidada que parecía tener años sin funcionar de otro modo que no fuera un placebo viejo y sin motivo. Precisamente, mientras pensaba en mis nuevos textos, comencé a analizar una pauta, en la que de nuevo era victima de todos, suavidad dentro de todos los rigores y sabiduría entre todos los cerros de mentiras que me rodean.

Una duda en la cabeza comenzó a bailar, a hacer preguntas y despellejar los lamentos hasta encontrarse con los huesos de este burdo esqueleto que me pasea(ba) a ratos, dentro de la arritmica danza muda que se precipita siempre al mismo cántaro usado, al cántaro de las deudas, de las usanzas y de las venganzas. Al cántaro de las calladas pesas que de las orejas cuelgan cuando la tristeza se dispara desde el corazón por la mirada. La pregunta por fin se detuvo, y al solicitar una silla me dolió darle única que tengo, en la que me la paso sentado. Le dije que no podía dársela por que estaba cansado.

La pregunta entonces se dejó caer en el suelo muy cerca de mí, siendo inevitable escuchar el eco de su golpe que decía: ¿Tú, creces hacia afuera, o hacia adentro? Desde luego, pensé en decirle que hacia adentro, pues desde siempre ha sido muy de mi estar bien con los de más, sin importar que esté, como siempre, abandonando el Brahman de mis pensamientos.

Me he topado con la parte más triste de mi vida: no ha habido con quien quedar bien y he tenido que encontrarme con un árbol grande y de ramas huecas, que ha crecido todo este tiempo hacia afuera. Al mismo tiempo, me he encontrado con  la transparentísima pulpa de un árbol que estaba lleno de dolor, un dolor que solo está en la corteza, en esa débil corteza que solo ha crecido para los de más, que no es mía.

Cuesta, hablar de esta danza muda que al caerse me ha dicho, que nada de lo que me duele, tiene que ver conmigo.

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